Friday, June 26, 2009

Uno de Taha Mohammed Alí, variación libre sobre una traducción



Abd el-Hadi lucha contra una Superpotencia

Nunca en su vida
leyó ni escribió.
Jamás derribó árbol alguno.
Ningún becerro degolló.
Del New York Times nada dijo
a sus espaldas; a nadie
alzó la voz sino para el convite:
"Por el amor de Dios, pase adelante,
ésta es su casa".
--
Con todo, el suyo es caso perdido.
El ínfimo grano de sal que Dios le dio
al mar se lo arrojaron.

Señores del jurado:
de sus enemigos
mi cliente nada sabe.
Les aseguro que de toparse
con la tripulación entera
del portaaviones Enterprise,
gustoso les serviría
huevos, el oro de su sol arriba,
y labneh
recién sacado de la bolsa.

So What. New and Selected Poems by Taha Muhammad Ali, 1971-2005. Translated by Peter Cole. (Port Townsend: Copper Canyon Press, 2006)

Sunday, June 21, 2009

Del servicio postal venezolano

"Don't let The New Yorker worry you," Naipaul sniffed. "The New Yorker knows nothing about writing. Nothing. Writing an article there is like posting a letter in a Venezuelan postbox; nobody will read it."

Saturday, June 20, 2009

Voy a hablar de la esperanza

Lucas aprendió de su jefe, quien lo conminó a estar al día con los métodos de enseñanza, que se debe alentar a los estudiantes de lenguas extranjeras con situaciones y materiales de la vida real. Estaba Lucas al tanto de la súbita afición a los toros de los turistas franceses cuando visitan España, y como le interesaba sobremanera conservar su empleo, decidió llevarles a sus alumnos "un pasaje de un artículo de El País del 17 de septiembre de 1978, fíjese qué moderno". El resto es bien sabido.

Con
El Choclo de Discépolo solía yo quedar desalentado como un desertor de la clase de Lucas: después de haber recorrido la literatura compadrita, nada; ni un cocuyo de entendimiento. Un día tiré la toalla, mandé al traste la letra, sin ganas de volver (de nuevo) al principio como cada vez que ponía el tango burlón, nomás llegaba (agobiado) a pasajes como éste:
Carancanfunfa se hizo al mar con tu bandera
y en un pernó mezcló París con Puente Alsina.
Fuiste compadre del gavión y de la mina
y hasta comadre del bacán y la pebeta.
Por vos susheta, cana, reo y mishiadura,
se hicieron voces al nacer con tu destino,
misa de faldas, kerosén, tajo y cuchillo
que ardió en los conventillos y ardió en mi corazón.
Al cabo me quedé con sólo el bramido de la melodía al bandoneón o la guitarra, desalentado: cuánto del sabor de ese choclo no me estaría vedado por toda la eternidad. Hasta ayer, cuando vino a socorrerme el iluminador Louis Armstrong. Esperanza rediviva, pues.

(Si no se puede escuchar por youtube por no sé qué embrollo de falta de derechos fuera de los EEUU, podrían intentar pinchando el vínculo debajo)
http://www.last.fm/music/Louis+Armstrong/_/Kiss+of+Fire?autostart





Se puede comparar la claridad de arriba con este a(r)gotado[r] zarzal, que canta un garrido zorzal (mi lío es con la letra, quede claro):

Thursday, June 18, 2009

Si te lastimaste el tendón y estás en casa reposando...

... mira las nubes, sentado, cámara en mano.

Friday, June 12, 2009

La confesiones de Salvador Reis, versión diminuta

El señor Reis nació para vivir, y vivió viviendo bajo el signo de la aventura. En numerosas ocasiones salvó su pellejo por un pelo, y también salvó otros pellejos, sobre todo en las corridas. En fin, toda una parraguera de acumuladas hebras de peligro y pasión. Una de esas ocasiones --en efecto, una de las primeras-- fue en la época de las capas negras que suplantaron a los chalequitos amarillos, y tuvo lugar en el inframundo del malevaje. A un malo le reprochó sus malos modales; enseguida éste apeló a su único argumento, pero más rápido que sus nada malos reflejos, y que los resortes de la navaja, fue el reconocer al joven Salvador. El malo (que no era Willie Colón) le había fusilado la letra de una de sus canciones para levantar a su novia, la del malo. Y, ya se sabe, ante un fusil no hay navaja que valga. En otra ocasión, intercedió el señor Reis en favor de Vladimir ante Don José, el terrateniente de la comarca, quien lo llamó para consultarle un asunto enojoso. Vladimir era uno de los obreros de Don José, quien andaba furioso no sólo porque Vladimir vivía en las nubes, sino sobre todo porque al parecer éste andaba regando por ahí que Don José abominaba de la sana práctica del  baño. Tal calumnia lo indignó: en asuntos de higiene él era un hombre bien ducho. 


Gracias a dios que las palabras del señor Reis fueron más eficaces que el tilo.

Thursday, June 11, 2009

Por una coma, sin hipódromo ni tango

Érase una vez un tipo tipográfico en algún instante de su mínima trayectoria hacia la hoja de papel bond: el tipo de la n de una máquina de escribir. La n es pieza de un complicado aparato cuyo mecanismo implica, sí, la mecánica, pero también tiene sus cuantas ampolletas de metafísica. El espacio que separa al tipo n, aún en reposo, de la superficie de la hoja en que ha de quedar impresa una ene, no es tan pequeño que en él no pueda una mosca hacer sus acrobacias. De la rapidez les proviene a las moscas su consabida vanidad; por vanidad suelen quedar despatarradas en las paredes, el cristal de las ventanas, las mesas, los mostradores. La mosca solitaria que se le atravesó al tipo n yace transfigurada sobre la hoja de papel, y su pata posterior derecha terminó siendo la tilde de una eñe.

No aparecía la menor traza de mi nombre en la oficina donde me interesaba que apareciera. Lejos esto de ser la regla, debo decirlo, pero tampoco falta su buen puñado, o más, de excepciones. Por ejemplo, si una tarde sin cuentas que rendirle a nadie, uno se dejara  llevar por el meandro de corredores de la biblioteca, y de pronto se interesara por un libro de Miguel Otero Silva, y se conformara con recorrer sólo la O para encontrarlo, concluiría (sin énfasis) que en la biblioteca no saben de él, como tal vez sea el caso. Sin embargo, en el anaquel de la S no muy lejana, un amarillento Casas Muertas acaso haya quedado para pábulo de ácaros desde la noche de los días. En cuanto a mi nombre perdido o ignorado en aquella oficina, tuve que intervenir, provocar su aparición: primero una llamada, luego otra. De este modo surgió a la superficie de una base de datos, donde estaba sepultado, Moreno, Villamediana Avilio

Ya se sabe lo que en Brazil una mosca vanidosa hizo que se hiciera. La p de pataplás fue más rápida que ella.

Saturday, June 6, 2009

Muerte de Boris Godunov

Boris Godunov, de Modesto Mussorgski

Boris Godunov: Boris Christoff

Symphony of the Air, dirigida por Alfred Wallenstein

Transmitida en vivo el 10 de diciembre de 1956

Contra ir al cine (a menos que den una de la Portman)

Las luces encendidas fomentan a menudo un cordial intercambio de sonrisas en las salas del Siff. Y esa tarde no fue la excepción. Pero en el instante que separa el apagarse de las luces del encendido del proyector, una criatura se instaló en el asiento vacante junto al que yo ocupaba. Su mano izquierda, un bulto de gélidas punzadas, enseguida hincó el apoyabrazos comunitario, obligando a la mía a posarse adolorida en mi regazo. Sobre sus piernas había un balde de cotufas que rezumaban un vaho a mantequilla, y cuyas resonancias, asistidas por un incesante rasgueo de pezuñas, lo harían miembro prominente de alguna pieza del difunto Luciano Berio. Bastaría con uno de estos baldes para que una horda de Grendels vean Sátántangó rumiando y rumiando, sin que se les agote su burdo maná. Pero sabemos que, menos a Bob, a nadie le gustan las cotufas heladas: apenas se ponen tibias quedan en las salas de cine relegadas debajo de los asientos. Esto no significa que se ha saciado la avidez de cotufas, sino el augurio de un desfile de sombras escurriéndose entre las rodillas de uno y el espaldar del cabezón sentado delante de uno, procedimiento que repiten las mismas sombras, desde la dirección opuesta, tres minutos después.

¿La película? Al comienzo una cena reúne a una familia. Los árboles se mecen con la brisa. El verano propicia la velada en la terraza. Tras la cena salen los comensales a buscar estrellas fugaces en el cielo...

Algunos personajes:

La madre (de dos hijas): escritora. Poco tiempo después de esa noche descubre que está muriéndose de cáncer. Súbita comunión con la quimioterapia. Como falsos genios, los fluidos huirán de sus botellas, circulando por mangueritas, rumbo a sus venas. Casi siempre duerme la pobre mujer un sueño amorfinado.


El padre: atronante ex director de cine. Lo caracteriza la añoranza de su desvanecida fama.


La hija menor: artista. Empieza a ganar renombre. A su colega barbudo-huraño-estoico lo adora toda la familia. Pero la joven está casada con un compositor ocupadísimo.


La hija mayor: mujer amarga; está saliendo con un ex-casi-cura.

La música es estupenda, y se la oye entre escenas, cuando la pantalla está en negro.

Para resumir: si llegan a ver 33 escenas de la vida no se les olvide contármela, porque hubo partes que me perdí. Eso sí, si la ven realmente, no si sólo estuvieron allí, en una sala donde se echaba de menos a Beowulf. No vuelvo más al cine. Ni menos.