Thursday, December 31, 2009

Ozono in excelsis

El aire era un hueco rodeado de huecos. Los libros escolares lo representaban como si fuera un arbitrario perfil, como si más bien se tratara de un corte radial practicado sobre los aros superpuestos de bizcocho y relleno de una torta de bodas. Eran huecos saludables, se decía, sin agujeros (cosa nada extraña, pues los agujeros y los huecos no pertenecían al mismo reino). El polvo y otras sirtes corroboraban sin cesar su esencia semoviente, de los huecos, y ninguno había que no exhalara, ninguno que no inhalara el aire de otros huecos. El eco repetía el sinnúmero de huecos, uno a uno. Para qué entonces invocar la borrasca y su puñal mellado, por qué no un verde colibrí de seda o un díptero susurrante. Como la tela de un bolsillo lavada con lejía empieza al cabo a rasgarse hasta hacerse jirones, empezaron a proliferar en el aire unas ronchas vacías, invisibles y vacías, y en los cráneos y brazos y antebrazos crecieron rosarios de ojivas semejantes a tatuajes inconclusos, que, la verdad sea dicha, son bastante fotogénicas.

Saturday, December 26, 2009

Laudibus in Sanctis

A manera de saludo navideño, un poco del memorable señor Pájaro. Cantan los muchachos de Stile Antico.

Saturday, December 19, 2009

Lonely Blue Boy

Conway Twitty

Thursday, December 17, 2009

Antes de servir la sopa

Si garúa, y en la estufa crepita el caldo en el caldero,
si se empañan las ventanas de este lado
y garúa sin parar, agujas de jebe fulgurante,
quédate, posponlo todo y quédate.

Ineptos guarismos del barómetro.
¿A qué comprobar nada sin sacar el impermeable,
hoy que no cuelga de la rama ni una hoja viva o muerta,
que Sonny se faja con el solo de su valse ardiente?

Saturday, November 14, 2009

The Great Train Robbery (1903)

Directed by Edwin S. Porter

Bill Evans within, without

Nardis
London, March 19, 1965. Recorded for the UK TV series Jazz 625. Bill Evans on piano, Chuck Israels on bass, Larry Bunker on drums



Some Day My Prince Will Come
Iowa, January 30, 1979. Bill Evans on piano, Marc Johnson on bass, Joe LaBarbera on drums


M*A*S*H
Barcelona, December 1979. Bill Evans on piano, Marc Johnson on bass, Joe LaBarbera, drums


Turn Out The Stars
Carnegie Hall, 1994. Herbie Hancock on piano, John McLaughlin on guitar. Carnegie Hall Salutes The Jazz Masters: Verve 50th Anniversary

Saturday, October 31, 2009

Fall and not all

Two in the park by
The reservoir
Eating sandwiches
Spread with chipotle.
Its sanctimonious hell
Brings them to tears.

The wind sweeps the crows and leaves away.

Sunday, October 18, 2009

Nostalgia di Roma

Thursday, October 8, 2009

Sobre el tener su blog abandonado

¿Qué decir? ¿Que ...? Tocan el timbre.

Tuesday, September 15, 2009

If you go to San Francisco



Llegamos a San Francisco dos veces. Bueno, cruzar el Golden Gate brumoso, de aceras anchas y concurridas, fue más bien, con el asombro predecible, la consumación de un propósito: seguir por la Carretera 1 hacia el oeste de la Bahía, y luego hacia el sur, a lo largo de la costa del Pacífico, rumbo a la agreste San Simeón (a pocas millas de aquí se desmorona el palacio de utilería de Mr. W.H). La Carretera 1 es angosta y a largos trechos arriscada, e invita a la demora. Días antes habíamos rodado por esta carretera, camino a Santa Rosa: desde Leggett, por la espesura de un monte de árboles enormes, donde la luz del día se resume en haces y moteados relumbres, hasta poco más allá de Mendocino. Hicimos entretanto parada cerca de un despeñadero desde el cual divisamos, en un farallón, cientos de puntitos que los binoculares declararon eran leones marinos y cormoranes; parada en Port Bragg a la hora del almuerzo y del café de sobremesa; parada en Point Cabrillo para caminar al faro, y parada en la woo-hoo Mendocino. Una travesía peristáltica, como la de una musaraña por las vísceras de una serpiente amodorrada. Horas después de dejar atrás San Francisco y la Bahía, atravesamos la ancha y laboriosa llanura del valle de Salinas; calcamos la costa de la península de Monterrey y del Big Sur, en subidas y bajadas como en un vagón por los raíles de una montaña rusa. A San Simeón llegamos con las últimas luces del día.

La segunda fue la verdadera llegada. Desde Sausalito, por agua, y, qué lastima, sin flores en el pelo. Como las empinadas colinas, son ciertas las cotorras y the gentle people with flowers in their hair. Hasta la próxima, querida San Francisco.