Sunday, June 23, 2013

Chico Wolfe ante una taza de chocolate

Para explicarse su propia madurez, para comulgar con el caracol, con el helecho, la tarde estival y las grullas que ya se han recogido esa tarde, Chico Wolfe escruta el limbo de una pared desnuda. Monologa más o menos en los siguientes términos:

"
Cuando se despliega un mapa, que la sensatez aconseja no olvidar, en una ciudad desconocida, las inscripciones allí adolecen de una forma vacua de elocuencia. Yo sueño con mapas donde bullan trazos de derroteros por venir que se confundan con el laberinto de derroteros ya cumplidos.

"Sé que mi permanencia es centrífuga, que el centro es un referente arbitrario. Las circunstancias me impelen una geometría accidental y elaborada. Tal geometría acoge visiones que emulan la fugacidad de una estela; sobrenombres que perpetúan las peculiaridades de la nariz; rasgos que acentúan la propensión magnética de las cejas; datos que enumeran la sucesión de empréstitos en que he incurrido deliberadamente (o no). Fui pequeñito; como a muchos, también pequeñitos, con diminutivos me celebraban los pasos que daba, las sílabas que iban desanudándose a flor de labios. Menos celebrado fue mi arribo a una imitación de adultez en que padecía penosas estrecheces. Los diminutivos son tan elásticos como un par de zapatos de cuero".

Mientras así monologa, un mosquito se ahoga en el chocolate, que se ha enfriado.




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