Tuesday, September 15, 2009

If you go to San Francisco


Llegamos a San Francisco dos veces. Bueno, cruzar el Golden Gate brumoso, de aceras concurridas, la primera vez, no fue lo que se dice una llegada, pues enseguida derivamos hacia el oeste de la Bahía por la Carretera 1, rumbo al sur, a lo largo de la costa del Pacífico. Nos dirigíamos entonces a la agreste San Simeón. La Carretera 1 es a largos trechos arriscada, e invita a la demora. Sin prisa atravesamos la ancha y laboriosa llanura del valle de Salinas, calcando la costa de la península de Monterrey y del Big Sur, subiendo y bajando como un vagón por los raíles de una montaña rusa. A San Simeón llegamos con las últimas luces del crepúsculo veraniego.

Días antes, más al norte, habíamos rodado por la misma carretera, camino a Santa Rosa desde Leggett, entre la espesura de un monte de árboles enormes, donde la luz del día se resume en haces y moteados relumbres, hasta poco más allá de Mendocino. Nos detuvimos entretanto

  • cerca de un despeñadero desde el cual divisamos, en un farallón, cientos de puntitos que los binoculares declararon ser leones marinos y cormoranes; 
  • en Port Bragg, a la hora del almuerzo y del café de sobremesa; 
  • en Point Cabrillo, para caminar al faro;  
  • en Mendocino.

La segunda fue la verdadera llegada. Desde Sausalito, por agua, y, qué lastima, sin flores en el pelo. Como las empinadas colinas, son ciertas las cotorras y
the gentle people with flowers in their hair

Hasta la próxima, querida San Francisco.

Saturday, August 8, 2009

Lunch Poems: Robert Hass

Friday, August 7, 2009

Piso 10

Amarillo y escaleras

Rojo y escaleras

Thursday, July 30, 2009

Tarde de canícula









Monday, July 27, 2009

Cranes and Other Things







Friday, July 24, 2009

De sobremesa

Anoche salimos a caminar por el lago antes de sentarnos a ver Sombras del paraíso, de Aki Kaurismäki. Empezaban los mapaches del vecindario sus andanzas crepusculares, en pos de los cubos de basura desguarecidos en los callejones. Hay una caseta telefónica a la puerta del dique industrial detrás de la fundación de los señores Gates. Sobre el cristal de esa caseta se dibujaba la miríada de líneas frenéticas de una pedrada, revolviéndose en torno al hueco que dejó la piedra. Cruzamos el puente para peatones junto al lago, cerca de los hidroaviones, la marina y el Fred Hutchinson. Dejamos atrás a un matrimonio proletario, que pescaba. Sus aparejos y la desvencijada pesca que transparentaba una bolsa de nailon reposaban inertes contra la baranda del puente.

De pronto, delante de nosotros, una estela, que seguimos. ¡Un cachorro de castor! Desde otro puente, en la marina, vimos a sus padres. Los tres castores de la familia nadaban y comían los tallitos y las hojas de las hierbas que ralamente crecen entre las rocas de lo que alguna vez fue orilla. Y algas también comían. Qué hermosos son los castores.

Más tarde acompañamos a Melartin a un puerto de Helsinki a despedir a Ilona y a Nikander, que se iban.

Thursday, July 23, 2009

A fragment from Steinbeck's Travels with Charley

It is impossible to be in this high spinal country without giving thought to the first men who crossed it, the French explorers, the Lewis and Clark men. We fly it in five hours, drive it in a week, dawdle it as I was doing in a month or six weeks. But Lewis and Clark and their party started in St. Louis in 1804 and returned in 1806. And if we get to thinking we are men, we might remember that in the two and a half years of pushing through wild and unknown country to the Pacific Ocean and then back, only one man died and only one deserted. And we get sick if the milk delivery is late and nearly die of heart failure if there is an elevator strike. What must these men have thought as a really new world unrolled --or was the progress so slow that the impact was lost? I can't believe they were unimpressed. Certainly their report to the government is an excited and an exciting document. They were not confused. They knew what they had found.

John Steinbeck, Travels with Charley In Search of America. (New York: Penguin, 1997)

Monday, July 20, 2009